El mayor conservatorio del mundo

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En Guláns (Ponteareas) todas las familias tienen algún músico entre sus miembros

CARLOS PREGO  –  Santiago

EL PAÍS – 03-09-2010 “Será cosa de la genética”. Es la única explicación que Alicia Porto encuentra a que, durante cuatro generaciones seguidas su apellido haya ido ligado a la banda de música A Unión de Guláns (Ponteareas). Maximino Porto, su abuelo, fue bombardino en 1920; Constante, su padre, brilló como clarinete solista en los 50; y ahora ella inculca la pasión por la música a su sobrino desde la dirección de una de las bandas más longevas de Galicia. El chico promete y presagia otras tantas generaciones de músicos.

El caso de los Porto no es único en Guláns. Los Soto, los Carracedo, los Groba… Se suman a una lista que inició en 1870 el fundador de la banda, José Carracedo, y que ha pervivido desde entonces con el único parón de la Guerra Civil. Entremedias, las calles de esta pequeña parroquia de Ponteareas han visto crecer como músicos a Rogelio Groba, fundador de la Orquesta de A Coruña, o el flautista de la Real Filharmonía de Galicia Luis Soto. “En Guláns pasa lo mismo que en Austria, el 80% de la gente es capaz de leer una partitura”, apunta Soto. La tesis de Alicia la apoya también Anxo Porto, vicedecano de la Facultad de Ciencias de la Educación de Santiago y antiguo clarinetista de A Unión: “Mi padre tocaba el trombón y tenía muy buen ritmo. Tamborileaba sobre la mesa cada vez que escuchaba la radio y eso nos fue quedando a mí y a mis hermanos”. Que esa lactancia musical no prospere en todos los casos se debe, según Soto, a que “la música no siempre se vio como un medio de vida real, sino como un sobresueldo”. Las dificultades fueron más de las que son. Anxo Porto recuerda todavía el caso de Constante Porto, clarinetista principal, que llegaba cada enero con los dedos quemados por destilar aguardiente. “Los músicos nuevos creían que no podría tocar, pero lo cierto es que era un clarinetista excepcional, con muy buena técnica y sonoridad”. Eran los años en los que los ensayos se suspendían durante los meses de más trabajo y los instrumentos y uniformes pasaban de padres a hijos con su rosario de remiendos. “Los instrumentos se aprovechaban muchísimo. Se ataban con gomas, se llevaban al ferreiro para que los soldase… Se hacía lo imposible para que durasen”. El suyo es un caso ejemplar: cuando empezó, en los años 60, su abuela tuvo que vender un pino por 5.000 pesetas para comprarle un clarinete de 3.000. “El instrumento estuvo 15 años cambiando de manos hasta que conseguí recuperarlo”, comenta. Las ganas siempre pueden más que la necesidad y muchos músicos consiguieron prosperar tirando de ingenio. “Los jóvenes se iban a la mili para adquirir formación musical. Allí pasaban dos años rodeados de músicos profesionales y ensayando a tiempo completo”, comenta Anxo Porto. Incluso Rogelio Groba empezó sin más instrumento que sus propios labios y la memoria que más tarde le permitía silbar melodías como si las leyese en un pentagrama. Era él el encargado de recordarle el repertorio a los gaiteiros y marcar el tono de afinación. En 140 años de historia son infinitas las anécdotas acumuladas. Porto recuerda que el nombre inicial de la agrupación era Banda de Guláns hasta que, en 1935, el director José Carracedo rotuló un cartel con el nombre de A Unión. La decisión levantó polémica sobre si se debía usar A Unión o La Unión. Memorable es también la fragmentación en dos de la banda, en 1947, cuando convivieron en la parroquia A Unión y La Reconquista de Guláns. Dos bandas para una parroquia que podría alimentar a otras tantas, pero que al final volvieron a integrarse en una sola: A Unión de Guláns. “Cada banda tiene sus propias características y la de Guláns siempre destacó por sus maderas”, apunta Anxo Porto. Quien fue clarinete de la banda recuerda el “tono brillante” de sus melodías, que le impedía acompañarse de piano pero que le daba “una sonoridad propia”. Anxo tiene el mérito de ser además el sobrino nieto del primer gulanés que partió a Salceda para aprender solfeo y volvió a la parroquia con aquella innovadora herramienta que ahorraba horas y horas de memorización de las partituras. Viva como en su primer día, A Unión de Gúláns tiene en la actualidad 50 músicos y una academia con banda juvenil propia y escuela para mayores. Miguel Porto, su actual presidente, y a quien la tradición musical le arranca en su bisabuelo, tiene claro cuál es el secreto del buen estado de salud de la agrupación: “Las cerca de 30 actuaciones anuales y las parroquias en las que llevamos tocando todos los años desde hace dos décadas”. Entre los más jóvenes del lugar hay quienes ya han echado a volar por su cuenta y recorren Galicia de verbena en verbena con la charanga SDK, compuesta por músicos con una media de edad de 16 años.

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